Urbanismo de bajo coste para transformar Barcelona

15/08/2016

El Ayuntamiento de Barcelona empezará en breve a transformar la movilidad del Eixample con el despliegue de las llamadas supermanzanas, una especie de pequeñas ciudades dentro de la ciudad, que deben liberar espacios para los ciudadanos a costa de los coches. En realidad las áreas afectadas serán tres distritos y cinco barrios, pero el consistorio es consciente de que el éxito o el fracaso del nuevo diseño dependerá en buena medida del impacto que tenga en la trama Cerdà.
Se trata de urbanismo de bajo coste -se han presupuestado 10 millones para iniciar el despliegue- y alta intensidad para transformar Barcelona en una ciudad más amable para los residentes y más atractiva para las empresas intensivas en conocimiento, aquellas que marcan la nueva economía.
La implementación se hará de manera escalonada. En una primera fase, las intervenciones serán básicamente viarias y sólo habrá pintura y señales: se tocarán los límites de velocidad y se cambiarán los sentidos de circulación. A efectos del tráfico rodado estas actuaciones definirán dos tipos de calles, una red básica que, de entrada, mantendrá las características actuales y otra local que pasa a ser para el uso de los residentes y en la que los vehículos que accedan se supeditarán a los usos y la marcha de los peatones. En la práctica, los coches perderán superficie en favor de las personas no motorizadas. "Rescatamos el espacio público que es de todos y recuperamos nuestra condición de ciudadanos y no sólo peatones", afirma Janet Sanz, cuarta teniente de alcalde y responsable de las áreas de ecología, urbanismo y movilidad del consistorio.
Los efectos se notarán rápidamente. La medida cambiará la forma como los habitantes se relacionan con la ciudad, pero también servirá para dar respuesta a grandes retos urbanos como la contaminación atmosférica y acústica, la siniestralidad vial, la falta de zonas verdes, la accesibilidad, la desigualdades entre barrios o el sedentarismo de las personas. "El urbanismo, que a veces se ha mostrado arrogante, es aquí un instrumento al servicio de la gente", subraya Sanz.
En esta primera fase de actuaciones el Ayuntamiento le llama "urbanismo táctico", que quiere decir que serán actuaciones temporales, reversibles, con una intención experimental y un coste bajo. Como se ha dicho, el presupuesto inicial que el Ayuntamiento ha destinado es de unos 10 millones de euros. Y con 25 millones sería suficiente para el despliegue completo a todo el dominio urbano, según calcula Salvador Rueda, padre intelectual de las supermanzanas en nuestra casa y director de la Agencia de Ecología Urbana (BCNecologia), un consorcio del Ayuntamiento, la Diputación y el Área Metropolitana de Barcelona. "Será el proyecto de reciclaje urbano más importante del mundo y sin derribar ni una casa!", Subraya Rueda.
El despliegue en toda la ciudad es importante para evitar las distorsiones que seguramente provocaría el hecho de que haya zonas privilegiadas por los beneficios del cambio y otras que no.
En una segunda fase se necesitarían más recursos para cambiar el asfalto y poner aceras aparte de otras transformaciones urbanísticas estructurales más costosas, que se pueden hacer cuando haya capacidad económica y cuando se sepa qué quiere hacer el ciudadano con el espacio que gana .
Precisamente, antes de hacer nada el Ayuntamiento ha abierto líneas de diálogo con vecinos, entidades y colectivos de las zonas escogidas. El aspecto que más les interesa es implicar a la ciudadanía en la definición del uso que se dará a los nuevos espacios, extremo en el que se muestran confiados -según dice Sanz- porque las experiencias que la ciudad tiene sobre el cierre de calles en tráfico son positivas respecto al uso que el ciudadano hace: "Cuando no pasan coches, la gente llena las calles y pasan cosas", dice la concejala.
El modelo de las supermanzanas elaborado por BCNecologia, que está en la base de la propuesta del Ayuntamiento, habla del restablecimiento de los derechos ciudadanos, cinco en total: el de intercambio, el de expresión y participación, el de cultura y conocimiento , el de recreación, ocio y permanencia y el de desplazamiento (que prácticamente es el único que tiene ahora). La idea es que en el interior de cada supermanzana, los ciudadanos puedan ejercer estos derechos gracias a la nueva oferta de espacio público.
Actualmente, las calles con prioridad para peatones, las ramblas y paseos ocupan una superficie de 230 hectáreas y se concentran sobre todo en Ciutat Vella y Gràcia. La implementación de las supermanzanas representaría incrementó un 270% esta cifra y alcanzar las 852 hectáreas repartidas por toda la ciudad. En términos relativos, peatonal significaría pasar de disponer de un 45% del espacio público en un 70%.
Mención especial requieren los cruces del Eixample. La confluencia de las calles en el interior de una supermanzana dibuja cuatro plazas públicas de grandes proporciones para el disfrute ciudadano, que se convertirán en uno de los símbolos de la conquista del espacio público. Barcelona tendrá 170 nuevas plazas de 2.000 metros cuadrados.
A nadie se le escapa la trascendencia de lo que se propone, ahora bien, no se parte de cero, hay precedentes. En líneas generales, la pacificación de calles en Barcelona ha sido una historia de éxito. Lo fue con carácter pionero el Portal del Ángel, que en un primer momento tuvo una fuerte oposición y actualmente es una de las calles comerciales más importantes de Europa. Y luego siguieron los cascos antiguos de las villas históricas que hoy conforman la ciudad. Más específicamente, la filosofía de las supermanzanas se aplicó por primera vez en Gracia en 2003 y después de esta experiencia quedó recogida en el Plan de Movilidad Urbana 2013-2.018, y al Programa supermanzanas 2.011 hasta 2.015 del anterior gobierno municipal.
El Ensanche
Las supermanzanas vuelven a poner de relieve la gran versatilidad de la trama urbana que diseñó Ildefons Cerdà. De hecho las supermanzanas son coincidentes con la filosofía primigenia que tenía el genial urbanista pero llevada a una escala superior, concretamente cada uno de los nuevos ámbitos vendría a ser un cuadrado formado por tres manzanas de lado, unos 400 metros de lado. Las calles exteriores configurarán la red básica por la que los coches podrán circular a 50 km / h, mientras que las calles interiores serán la red local, por lo Salvador Rueda piensa que los vehículos no deberían poder circular a más de 20 km / h en una primera fase ni a más de 10 km / h en una segunda, esto es lo que en términos urbanísticos se conoce con el nombre de pacificación.
La configuración de las supermanzanas no se ha hecho teniendo en cuenta las necesidades de los automovilistas sino las del transporte público y concretamente la del bus, que con la red octogonal anticipó la llegada de las supermanzanas. Por otra parte, las intersecciones de la red básica de calles estarán reservadas en el aparcamiento de rotación y la carga y descarga.
Los estudios revelan que con estas medidas el tráfico en la ciudad de Barcelona se reducirá de un 11%. Cabe recordar que el Plan de Movilidad Urbana fija una reducción mínima del 21% para alcanzar los objetivos de reducción de contaminación que marca la OMS. Esto significa que habrá que llevar a cabo actuaciones adicionales. En el área metropolitana cada año se registran unas 3.500 muertes prematuras por problemas relacionados con la contaminación. Los estudios de BCNecologia prevén que la población expuesta a niveles aceptables de calidad del aire pase del 56,2% actual al 93,9%. Y del 57,5% al 73,5%, en el caso de la contaminación acústica.
Los nuevos espacios también deben permitir aumentar los espacios verdes en la ciudad y que algún día pueda ser realidad el establecimiento de corredores naturales. Para Janet Sanz el despliegue de las supermanzanas justifica la decisión de unir en una misma tenencia de alcaldía las áreas de ecología, urbanismo y movilidad.
Un motor para atraer el talento
El director de BCNecologia sueña una ciudad donde los niños puedan ir a pie o en bicicleta a la escuela sin miedo a sufrir un accidente; y que, cuando salga, pueda plantar las carteras a la calle para hacer porterías y jugar. Imagina que algún día los coches que pasen por el interior de una isla tendrán que esperar a que el juego de los niños y niñas se interrumpa y sólo entonces reanudará la marcha. De hecho, Salvador Rueda tiene este sueño desde 1987 cuando, como director de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Barcelona, diseñó el mapa del ruido de la ciudad. "Vi que la única solución para reducir la contaminación acústica es que no pasen los coches", asegura. Después descubrió que Le Corbusier había planteado una intervención urbanística similar a las supermanzanas en su plan Macià. Rueda tiene claro que las supermanzanas deben ser el instrumento para situar Barcelona en una posición de liderazgo mundial. La mejora de la calidad de vida debe ser el motor para atraer empresas y profesionales que desarrollen una actividad intensiva en conocimiento.